Samaín

Cuando era pequeña me encantaba ver a la gente mayor haciendo sus faenas, y sentirme invisible entre ellas. 

Sentirlas concentradas, completamente absorbidas, con presencia plena. Me atraía, me atrapaba contemplarlas. Yo a esa sensación, le llamaba magia. 

Qué pasa cuando alguien está profundamente concentrada?, le da igual que le miren. Esto también lo encontré en las niñas y niños cuando son muy pequeñas. Imagino, que no es necesario que de respuestas, a algo que la mayoría nos hemos dado cuenta. Eso es sagrado. 

Siempre quise volver a ese estado, cuando fui creciendo. Entrenarme en que nada me distraiga, de la importancia verdadera de mi faena. 

Mi familia de sangre, humana, la que yo he conocido, por lo general es silenciosa. Cuando están haciendo algo no hablan, o quizás en mi recuerdo solo están esos momento que me parecen todos, cuando quizás no lo eran. Porque el silencio, me permite recordar, que entre más información a través de mis sentidos. Pero yo creo que sí, que hay un silencio muy presente. No se dejaban distraer, si había alguien igualmente seguían. Eso me ha permitido de mayor perseguirles con mi cámara, que siempre sean naturales. Entrar en su campo, y captarles en muchos momentos. La mayor parte de lo que he aprendido de ellas y ellos, siempre ha sido mirando, no por la palabra. Que en algún momento me hubiera gustado. Pero eso también me ha permitido, fijarme en lo que yo me fijaba, y que entrase en mi una guía libre. Donde también el vació preponderaba. Eso me ha hecho tener recapitular muchísimo. Aprender a ordenar y construir todo esos pasos que contemplé o si es ahora, que contemplo. 

Pero he aprendido, que mi mercurio es epimetéico, muy por delante del sol. Y que desde la no luz y la reflexión, es como yo recojo y aprendo. Dejándome llevar, recolectando, y revisando luego las huellas. 

Aún pese a la concentración, también ocurren desastres, y accidentes. Mi abuela Pilar, se quemó los ojos encalando el cortijo. Mi abuelo perdió el dedo gordo que luego le cosieron, desatando a un toro. Mi padre se ha recibido muchas cargas eléctricas y mi madre es una especialista en quemaduras de segundo grado. 

Pero mi madre, nunca se ha quemado haciendo jabón, pese a su peligro. 

Álvaro hace unos días me llamó alarmado preocupado porque yo me quemara haciendo champús. Pero no, no uso sosa cáustica. 

Este es un trozo del jabón que hace mi madre, que hoy pongo en el altar, una práctica como otras muchas, que durante cientos de años se han pasado en la familias. Mudéjares nos llamaron. 

Con este jabón lavo la ropa a mano. 

Este mes estamos explorando la energía de Escorpio en grupo. Estaré compartiendo la enseñanza de mis descubrimientos en la práctica, en estos años, en torno al cabello, y  la elaboración de la joyachampú. 

Agradezco a todas y cada una de las mujeres que forman esta constelación en la Tierra, esta costura de amor, este círculo de aprendizaje. Esta mesa de amistad y conocimientos, de lo antiguo con lo nuevo. 

 

Domingo 7, día del Sol, 

y del Altar del punto exacto 

de Samaín. 

 

 

Samaín
Scroll hacia arriba